sábado, 24 de mayo de 2014

ILUSTRACIÓN DE UN DÍA DE PLAYA



El pasado sábado 10 de mayo, inauguré la temporada playera dándome los primeros chapuzones del año en las plácidas aguas del Mar Menor. Un servidor no llevaba sombrilla. Sólo iba provisto de un par de toallas, una nevera repleta de víveres y unas cuantas hojas en blanco por si se me iluminaba la bombilla.

Entre baño y baño, con la cálida compañía de mi mujer y de unas cuantas medusas con cara de bonachonas, los engranajes de mi cabeza empezaron a girar. Después, tumbado sobre mi toalla, mientras el achicharrante sol secaba mi enrojecido bañador, engrasé dichos engranajes para que éstos giraran con mayor fluidez.

Y ahí fue cuando me vino la inspiración cual Espíritu Santo pero en forma de gaviota. Así que, sin perder ni un segundo, agarré mi carpeta con las láminas y empecé a garabatear bajo la atenta y amenazante mirada del astro rey.

Durante todo el proceso de elaboración de aquella improvisada ilustración, varios curiosos no me quitaban el ojo de encima. Pero ninguno se dignó a acercarse, yo creo que por miedo a que les pidiera una limosna. Aunque, todo hay que decirlo, esa no era mi intención.

Casi 60 minutos después, intercalando varios paréntesis, ya tenía lista aquella página realizada, íntegramente, a lápiz. Y no quedó del todo mal. Si alguien me hubiese ofrecido una suculenta cantidad de dinero por ella, sin duda, la habría vendido. Pero no se dio el caso. Así que la archivé en mi carpeta y la traje de vuelta a casa.

Transcurrida la jornada, la nevera regresó totalmente vacía, y un servidor, achicharrado hasta las cejas. El no haberme llevado una sombrilla me había pasado factura. Y es que, a veces, me excedo de valiente… Aún así, y todavía recuperándome de las numerosas quemaduras sufridas por todo mi cuerpo, regresé con una sonrisa en los labios porque ya tenía entrada nueva para mi blog. Rarito que es uno…



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