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sábado, 7 de enero de 2017

LOS SERIALES DE IBÁÑEZ: EL CABALLERO BUSCABOLLOS



Echando un vistazo al pasado más lejano siempre dentro del prolongado universo forjado por Ibáñez, detengamos nuestra máquina del tiempo en 1957, el mismo año que el maestro inició su larga colaboración con Bruguera y fecha en la que nacieron Mortadelo y Filemón, aunque sus aventuras se publicaron a primeros del año siguiente.

Poco antes de que vinieran al mundo estos dos archifamosos agentes de la T.I.A. (aunque, en sus inicios, trabajaron en una agencia de información), Ibáñez dio vida a un peculiar caballero andante que viajaba de un lado para otro a lomos de su dócil caballo y al que hemos conocido con el nombre de El Caballero Buscabollos. Este personaje nos recuerda bastante a Don Furcio Buscabollos, otro simpático caballero también ataviado con armadura que fue creado por Cifré diez años antes, concretamente, en 1947.


 Cabecera de la serie.


 El Caballero Buscabollos.


Este maltrecho individuo (centrándonos en el personaje de Ibáñez), al que nada le salía bien, apareció entre las páginas de la revista “Paseo Infantil” en 1957. Además, una de las hazañas de este personaje sorteó toda clase de obstáculos y se plantó como contraportada de “El Barbas”, publicación que gozó de un único número y de la que se desconoce su año exacto de aparición, aunque, según apuntan distintos medios, pudo ver la luz también en 1957.


 "Paseo Infantil" número 42.


 "El Barbas" número 1.

(Imágenes: Tebeosytebeos).

sábado, 31 de diciembre de 2016

LOS SERIALES DE IBÁÑEZ: POLITO “TIPO DURO”



En 1961, nuestro prolífico autor colaboró también en una revista juvenil femenina llamada “Blanca”, publicada por Editorial Bruguera. Para este cuaderno creó la serie Polito “tipo duro”, desarrollada a modo de chiste en una única viñeta y aparecida siempre en las últimas páginas de la citada publicación. Aquí ya queda latente la mala baba que Ibáñez ha vertido sobre sus obras a lo largo de toda su carrera.


 Cabecera de la serie.


 Polito.


 (Imagen: El foro de la T.I.A.).


 (Imagen: archivo personal).


 (Imagen: La página no oficial de Mortadelo y Filemón).


 (Imagen: La página no oficial de Mortadelo y Filemón).

lunes, 26 de diciembre de 2016

LOS SERIALES DE IBÁÑEZ: INCREÍBLE PERO MENTIRA



Curiosa y disparatada serie creada por Ibáñez a principios de los sesenta donde un humor desternillantemente absurdo campó a sus anchas a lo largo de las 92 páginas realizadas que compondrían esta obra completa. Como si de un descabellado noticiero se tratara, en cada entrega de Increíble pero mentira se presentaba un tema distinto que acababa siendo desarrollado en 9 o 10 chistes que giraban en torno al argumento propuesto (la imaginación del maestro parecía no conocer límites, siendo capaz de buscarle el lado más disparatado a cualquier situación). 


 Cabecera de la serie.


El particular formato de este serial era de sobra conocido por su creador, ya que, algunos años antes, acabó exprimiéndolo en otra de sus series que llevó por título Curiosidades y rarezas de todo el mundo, publicada en “La Risa” a mediados de los años cincuenta. A diferencia de la anterior, que estaba escrita por Carlos Bech, aquí los guiones eran de cosecha propia, ocupándose Ibáñez de la redacción de los mismos, describiendo situaciones que fácilmente podían darse en nuestra vida cotidiana contadas con su peculiar sentido del humor.


 Original de Curiosidades y rarezas de todo el mundo. (Imagen: archivo personal).


Increíble pero mentira fue publicada en la revista “El Campeón” (rebautizada poco después como “El Campeón de las historietas”) en 1960, y su vida se prolongó a lo largo de más de año y medio. Esta serie ha sido reeditada en otras revistas de la casa durante las décadas siguientes, llegando, incluso, a conocer versiones a todo color. Increíble pero mentira es Ibáñez en estado puro.


 Primera página publicada de Increíble pero mentira.


 (Imagen: El blog de Joan Navarro).

 (Imagen: Ocurrencias Web Page).

sábado, 17 de diciembre de 2016

LOS SERIALES DE IBÁÑEZ: EL MOSQUITO PÉREZ



Volvamos a retroceder unas cuantas décadas en el tiempo y centrémonos, de nuevo, en la prolífera relación que existió entre Ibáñez y la que fue su casa durante varios años: Editorial Marco.

El maestro seguía abriéndose camino en el terreno de la historieta y, además de publicar en la revista “La Risa”, también lo hizo en “Hipo, Monito y Fifí”, editada bajo el mismo sello. En un principio (hablamos de finales de 1953 y durante todo el año siguiente), lo del maestro para esta editorial consistía en colaboraciones más bien esporádicas, pero su suerte cambiaría a principios de 1955, cuando empezaron a exigirle más páginas por semana que debía repartir entre ambas publicaciones de Marco. Como resultado a esta cada vez más fatigada colaboración, Ibáñez, demostrando su gran talento y entrega, ideó un gran aluvión de nuevos personajes que revolotearon entre una revista y otra y que, algunos de ellos, gozaron de una vida bastante fructífera.

A continuación, veremos uno de los primeros personajes que Ibáñez creó para “Hipo, Monito y Fifí”. Se llamó El mosquito Pérez, y apareció en el número 47 de su segunda época, allá por 1954.


 Cabecera de la serie.

 El mosquito Pérez.


sábado, 26 de noviembre de 2016

LOS SERIALES DE IBÁÑEZ: NICOMEDES CAMUESO



La sombra de Ibáñez en las estancias de Editorial Marco era cada vez más alargada, sobre todo, desde 1955. A lo largo de sus incontables trabajos editados durante ese año, Ibáñez creó y dibujó un buen rebaño de personajes propios para “La Risa”, aunque también le fue asignada la continuación de otros tantos engendrados por otros autores.


 Cabecera de la serie.


Ibáñez siempre ha trabajado, según sus propias palabras, “huerfanito de guionistas”, es decir, sobre textos escritos por su puño y letra, pero es en esta época donde encontramos los diálogos de muchas de sus páginas firmados por el guionista Carlos Bech. 


 Nicomedes Camueso.


En esta etapa empezó a ser cada vez más frecuente que ciertos personajes deambularan entre los lápices y las tintas de distintos dibujantes, quienes debían seguir las mismas pautas y estilos marcados por sus autores de origen. El dibujante estrella de Editorial Marco fue Emili Boix, y suyos eran muchos de los personajes que correteaban por las páginas de la revista “La Risa”. Los más destacados: Cartapacio y Seguidilla, Bob-Ayna y Pat-Acón, Nicrostato Mochales y Nicomedes Camueso (del que hoy nos ocupamos), todos ellos, continuados por Francisco Ibáñez tras la marcha de Boix a suelo americano.


 Nicomedes Camueso. "La Risa" nº 99. (Imagen: mortadelo-filemon.es).

 Nicomedes Camueso. "La Risa" nº 101. (Imagen: mortadelo-filemon.es).

sábado, 12 de noviembre de 2016

LOS SERIALES DE IBÁÑEZ: PÁGINA PUBLICITARIA PARA CEPSA



Cerramos este ciclo sobre enloquecidas comunidades de vecinos con otra página realizada por Ibáñez sobre el mismo tema que llevamos tratando durante las últimas cuatro semanas.

A diferencia de los anteriores, el presente trabajo fue realizado expresamente para una campaña de publicidad de Cepsa, el cual, estaba destinado a la promoción de su novedoso sistema de calefacción. Esta nueva revisión de 13, Rue del Percebe fue publicada en distintos diarios del país durante el mes marzo de 2001, y estoy convencido de que logró cumplir su objetivo pues seguro que no pasó desapercibida entre los lectores que, en aquel tiempo, se hicieron con uno de estos periódicos. Yo mismo guardo esta página arrancada (cuidadosamente) del diario “La Verdad” de Murcia.

En esta ocasión, el tema tratado afecta a todos los inquilinos del inmueble, quienes se reúnen en una junta urgente para tratar de solucionar el serio problema que tienen con su actual sistema de calefacción. Destacar la aparición de Rompetechos como artista invitado, y añadir que Ibáñez se ocupó al completo de la realización de esta página, entintada y rotulada por él mismo.




Justo al año siguiente (2002), Ibáñez se atrevía a realizar una nueva página de su legendaria 13 Rue incluida en el “Super Humor” número 35 (tomo que recopiló gran parte del material perteneciente a esta serie, aunque no todo), adaptando personajes y situaciones a los tiempos actuales.  


 (Imágenes: seronoser).

sábado, 5 de noviembre de 2016

LOS SERIALES DE IBÁÑEZ: 84, RUE BAILÉN - EDICIONES B



Nueva vuelta a los ruedos claramente inspirada en una de las series más queridas de su autor. Al igual que ocurrió con la anterior página titulada Calor casero, la presente tampoco formó parte de ninguna serie, sino que se trató de una página especial en la que Ibáñez, demostrando que fuerzas aún le sobran, representó, desde su particular y ácido punto de vista, a algunos de los miembros de los distintos departamentos que forman el equipo de Ediciones B. Así, comerciales, administrativos, gerentes, editores, relaciones públicas, dibujantes…, ninguno se libró de la mala baba de este indiscutible genio de la historieta. Utilizando como base los cimientos de su 13, Rue del Percebe, Ibáñez vuelve a construir, 35 años después de su nacimiento, un nuevo edificio idéntico a su antecesor pero con menos grietas y emplazado en la 84, Rue Bailén – Ediciones B. Publicada en el dominical de “El Periódico de Catalunya” en 1996, esta disparatada versión comiquera fue creada en exclusiva para conmemorar el 10º cumpleaños de la editorial.  


 Cabecera de la serie.


Ibáñez se entregó en cuerpo y alma en desarrollar un soberbio trabajo, tanto, que el entintado de la página y el rotulado también corrieron por cuenta suya. A sus pies, maestro.


 (Imagen: seronoser).

sábado, 29 de octubre de 2016

LOS SERIALES DE IBÁÑEZ: CALOR CASERO



Aunque la siguiente página no conoció continuidad ni formó parte de ninguna serie, creo que merece ser incluida dentro de esta sección dedicada a mostrar los seriales creados por Ibáñez, centrándose, en sus últimas entregas, en las alocadas comunidades de vecinos que nacieron a raíz del gran éxito de 13, Rue del Percebe.


 Cabecera de la serie.


Desconocida para la gran mayoría, Ibáñez creó una página titulada Calor casero, publicada en “El DDT” Extra de Verano de 1965 y para la que diseñó un nuevo edificio habitado por unos inquietos e imprudentes personajes que desarrollaban todas sus andanzas en torno a los asfixiantes calores provocados por las altas temperaturas veraniegas.

A diferencia de la 13, Rue, aquí vemos todavía más situaciones disparatadas y más gags repartidos por toda la página, ya que esta novedosa construcción contiene una planta más que su antecesora y aquí hasta los balcones son utilizados como escenario para nuevas peripecias. Especial atención al entintado de la página, obra del propio Ibáñez.   



He aquí el nuevo vecindario creado por Ibáñez en su versión original (bitono), publicado en “El DDT” en 1965…


…y su reaparición, ya a color, en el “Mortadelo” Extra de Verano de 1991. (Imágenes: seronoser).

sábado, 22 de octubre de 2016

LOS SERIALES DE IBÁÑEZ: 7, REBOLLING STREET



Siguiendo la misma línea marcada en la última entrada de este blog publicada dentro de esta sección encargada de recopilar, si no todas, la gran mayoría de las series creadas por Francisco Ibáñez a lo largo de su carrera, continuemos con el tema de los inmuebles habitados por unos cuantos vecinos nada convencionales. Tras escriturar el edificio emplazado en la 13, Rue del Percebe a nombre de otros dibujantes que continuaron con las andanzas de aquella comunidad de alocados inquilinos, Ibáñez, tal vez impulsado por la nostalgia, ideó otra serie de idénticas características sobre unos cimientos completamente remodelados.

Nos plantamos ahora en 1985. Recordemos que la última página de 13, Rue dibujada por Ibáñez se publicó en 1968. 17 años después, y tras el abandono de la que había sido su casa (Bruguera) durante varias décadas, el maestro se instala en Grijalbo, editorial en la que también aterrizaron monstruos del lápiz como Segura, Escobar, Raf o Martz Schmidt. En 1986 nace la revista “Guai!”, para la cual, Ibáñez crea las series Chicha, Tato y Clodoveo, de profesión sin empleo, y 7, Rebolling Street, un intento de modernización de su mítica 13, Rue del Percebe, publicada en las páginas centrales de la revista y que, con toda probabilidad, es la serie más apócrifa de todas cuantas ha creado Ibáñez a pesar de que su firma siempre figuraba en todas las páginas. A continuación veremos por qué, pero vayamos por partes. Antes anotaremos algunas pinceladas acerca de este nuevo serial que llegó dispuesto a hacer las delicias de su público, tanto del que ya venía siguiendo a Ibáñez como del que estaba por venir.


 Cabecera de la serie.


Para ocupar cada uno de aquellos hogares, Ibáñez crea a nuevos personajes que harán troncharse a sus lectores, pero también rescata a viejos habitantes del anterior inmueble tras hacerles algunos retoques de cirugía estética. Así pues, aquí nos volvemos a reencontrar con la anciana de la protectora de animales, con el ladrón manazas, con el gato y el ratón, la portera del edificio, etc.

Un año después de su nacimiento, la revista “Guai!” es adquirida por Ediciones B, empresa de reciente aparición perteneciente al Grupo Zeta y que heredó todo el fondo editorial de Bruguera. La vida de esta revista se prolongó hasta enero de 1990, dejando para la posteridad un legado de 175 números y 170 páginas de 7, Rebolling Street. Más tarde, en la segunda etapa de la revista de corta vida “Yo y Yo”, aparecieron cinco nuevas entregas de esta serie, contabilizándose así un total de 175. Todas estas páginas fueron recopiladas en cuatro tomos pertenecientes a la colección “Tope Guai!” En diciembre de 2009, volvieron a reunirse todas estas historias contenidas en aquellos cuatro álbumes en uno solo, esta vez, dentro de la actual colección “Super Humor”. Pese a lo que muchos puedan pensar, este tomo número 48 no se trata de ningún integral, a pesar de que Ediciones B nos lo vendió como tal. Se anunció como una recopilación de todo el material que Ibáñez creó para esta serie, pero lo cierto es que aquí se recogía poco más de la mitad de aquellas 175 páginas que componen la 7, Rebolling Street. 





 (Imágenes: seronoser).


(Imagen: Dreamers).


Muchas son las incógnitas y misterios que sobrevuelan alrededor de esta nueva vuelta de tuerca de nuestra añorada 13, Rue del Percebe. Y es aquí donde quería llegar en párrafos anteriores.

Mis sospechas se iniciaron el día que comencé a estudiar la obra de Ibáñez, hace ya algunos años. Cuando cayó en mis manos el mencionado tomo número 48 de la colección “Super Humor”, publicado por Ediciones B, enseguida me di cuenta de que algo extraño se ocultaba en aquellas páginas y me asaltaron las dudas. ¿Realmente todas aquellas historietas eran obra de Ibáñez? Para intentar responderme a mí mismo, realicé un exhaustivo análisis de dicha obra y saqué mis propias conclusiones. Según pude averiguar, Ibáñez sólo habría dibujado (lápiz, tinta y rotulado) las tres primeras entregas, delegando el resto en manos de otros dibujantes. De lo que no tuve dudas en ningún momento fue acerca de los guiones: todos eran suyos, estaba claro. De las páginas inmediatas a estas tres que nombro es posible que Ibáñez se encargara del lápiz de alguna de ellas, o que al menos realizara bocetos aparte para guiar a los otros dibujantes, aunque estaba claro que la realización de la mayoría de aquellos dibujos ya no era cosa suya. 


 Entrega de 7, Rebolling Street realizada por Ibáñez al completo. (Imagen: seronoser).


Original de la página anterior. (Imagen: gothamnewszine).


Pero mi investigación no acabó aquí, sino que intenté ahondar aún más en el asunto. Destacar que, pese a que Ibáñez sólo estaba presente en los guiones, su firma seguía figurando al pie de cada página acreditándole como autor absoluto de cada entrega. Pero claro, revisando cada una de estas rúbricas pude comprobar que las mismas, aunque sí eran de Ibáñez, no eran originales, ya que formaban parte de la plantilla en blanco del edificio. Este pequeño dato sin importancia fue revelador para saber dónde acabó el dibujo de Ibáñez y empezó el de Juan Manuel Muñoz (su actual mano derecha) y Ramón Bernardó, dibujantes que continuaron dándole vida a esta serie sobre los guiones escritos por Ibáñez y que, como ha ocurrido otras veces, sus nombres nunca figuraron por ninguna parte. 






 He aquí una pequeña muestra de las muchas páginas de 7, Rebolling Street que se publicaron como realizadas por Ibáñez y que, realmente, no lo son. Si miramos detenidamente el dibujo de cada una de ellas, salta a la vista que hay varias manos detrás. Especial atención al tema de la firma. Como he comentado anteriormente, ya venía fotocopiada junto a la plantilla del edificio. (Imágenes: cinetvcomic).

sábado, 15 de octubre de 2016

LOS SERIALES DE IBÁÑEZ: 13, RUE DEL PERCEBE



Corría el año 1961. Bruguera, haciendo honores como todopoderosa editorial que era, acogió con los brazos abiertos a cuatro de sus más importantes dibujantes que, algunos años antes, dejaron plantados a sus directivos para abrirse camino de forma independiente. Me estoy refiriendo, para el que no lo sepa, a Cifré, Conti, Escobar, Giner y Peñarroya (en realidad eran cinco, pero cuatro fueron los que regresaron). Juntos, se embarcaron en la aventura de crear una editorial propia, y lo hicieron, llamándola DER (Dibujantes y Editores Reunidos) y, para la cual, crearon una revista a la que bautizaron con el nombre de “Tío Vivo”. Todo esto ocurriría en 1957.

Con el paso del tiempo, las aguas iban volviendo a su cauce. Ya habían pasado cuatro años desde que estos cinco monstruos del lápiz abandonaran su antigua casa para establecerse por su cuenta. Desgraciadamente, la cosa no marchó como esperaban y, tras escuchar una oferta de Bruguera, todos, excepto Eugenio Giner, aceptaron ser readmitidos. La primera etapa de “Tío Vivo”, bajo el sello de DER, finalizó en 1960, cuando la revista ya había sido adquirida por Bruguera. La editorial decidió entonces proseguir con esta publicación, que volvió a los quioscos en 1961 empezando, de nuevo, desde el número 0.

De la contraportada de esta segunda época del semanario “Tío Vivo” se ocupó el maestro Ibáñez, convirtiéndose en un colaborador habitual desde el primer número de esta publicación. Y ahí fue cuando nació la mítica y desternillante 13, Rue del Percebe, esta popular comunidad de vecinos cuyos inquilinos estaban más locos que cuerdos y, gracias a sus disparatadas peripecias, se encargaron de regalarnos mil y una anécdotas (cuál más absurda y divertida) por página e incontables gags repartidos en cada una de sus múltiples viviendas.


 Cabecera de la serie.


 Primera página publicada de 13, Rue del Percebe.


A lo largo y ancho de tres pisos de altura, además de la planta baja y la azotea, en este inmueble podemos hallar tanto una tienda de ultramarinos como la portería del edificio, la morada de un ladrón, el laboratorio de un doctor nada convencional (que, más tarde, acabaría convertido en una sastrería), una buhardilla habitada por un moroso, una azotea continuamente transitada por acreedores desesperados por cobrar sus deudas, el continuo sube y baja de un ascensor que también cobra protagonismo, o un hueco del alcantarillado convertido en residencia subterránea. En resumidas cuentas, que había viñetas y situaciones para todos los gustos. Todos sus protagonistas e inquilinos fueron los culpables del enorme éxito de la serie y que hoy, 55 años después de su nacimiento, siga tan presente en la mente de todos.

Ibáñez generó un gag distinto para cada viñeta, no buscando un nexo común entre todos los vecinos del edificio salvo contadas ocasiones. Crear, como mínimo, doce chistes por página, suponía todo un desafío a la imaginación y un reto al que debía enfrentarse semana tras semana. No olvidemos que, además de la realización de esta serie, el maestro debía ocuparse del resto de sus personajes y, por si fuera poco, de las incontables páginas de chistes protagonizadas por personajes varios y que, esta vez sí, estaban relacionados con algún tema en concreto. 

 Una de las pocas páginas de la serie que muestran una unidad entre todos los habitantes del edificio.


Como he dicho anteriormente, la 13, Rue del Percebe nació en 1961 en las contraportadas de la revista “Tío Vivo” y, desde sus primeros números, se vio atacada por una amenazante y afilada tijera que pareció cebarse con uno de aquellos inocentes inquilinos. En 1964, la citada censura obligó a Ibáñez a enterrar, prematuramente, a uno de estos habitantes, que tuvo que ser, de forma irremediable, sustituido por otro vecino con mejores intenciones. Me estoy refiriendo al científico chiflado de la segunda planta, que fue eliminado de un plumazo en el número 165 de la citada publicación, pues, según argumentaron los censores, sólo Dios era el único que podía crear vida. Tras más de treinta semanas sin inquilino fijo, la vivienda termina por ser alquilada por un particular sastre algo manazas, el cual, permanecerá campando a sus anchas hasta el final de la serie. 


 Última aparición del científico loco...

 ... y primera fechoría del sastre.


Semanalmente se publicaron más de 400 páginas de este serial, de las cuales, 342 fueron dibujadas por Ibáñez, aunque su creador lo abandonó en 1968, dejándolo en manos de Joan Bernet Toledano y Martínez Osete. Entre 1984 y 1985, aparecieron en la revista “Mortadelo” nuevas entregas de este loco vecindario, aunque, de nuevo, ajenas a las manos de Ibáñez. Mike Ratera, Ramón María Casanyes, Lourdes Martín o Juan Manuel Muñoz fueron algunos de los dibujantes que se ocuparon de su continuidad. Añadir también que existen gran cantidad de nuevas páginas de esta serie, inéditas en España y que fueron publicadas en Alemania, país donde Ibáñez goza de un éxito arrollador.


 Última página de la serie dibujada por Ibáñez.

El maestro nos sorprendió a todos con esta nueva página de 13, Rue del Percebe dibujada en 2002 y publicada en un tomo recopilatorio dentro de la colección Super Humor.