sábado, 15 de octubre de 2016

LOS SERIALES DE IBÁÑEZ: 13, RUE DEL PERCEBE



Corría el año 1961. Bruguera, haciendo honores como todopoderosa editorial que era, acogió con los brazos abiertos a cuatro de sus más importantes dibujantes que, algunos años antes, dejaron plantados a sus directivos para abrirse camino de forma independiente. Me estoy refiriendo, para el que no lo sepa, a Cifré, Conti, Escobar, Giner y Peñarroya (en realidad eran cinco, pero cuatro fueron los que regresaron). Juntos, se embarcaron en la aventura de crear una editorial propia, y lo hicieron, llamándola DER (Dibujantes y Editores Reunidos) y, para la cual, crearon una revista a la que bautizaron con el nombre de “Tío Vivo”. Todo esto ocurriría en 1957.

Con el paso del tiempo, las aguas iban volviendo a su cauce. Ya habían pasado cuatro años desde que estos cinco monstruos del lápiz abandonaran su antigua casa para establecerse por su cuenta. Desgraciadamente, la cosa no marchó como esperaban y, tras escuchar una oferta de Bruguera, todos, excepto Eugenio Giner, aceptaron ser readmitidos. La primera etapa de “Tío Vivo”, bajo el sello de DER, finalizó en 1960, cuando la revista ya había sido adquirida por Bruguera. La editorial decidió entonces proseguir con esta publicación, que volvió a los quioscos en 1961 empezando, de nuevo, desde el número 0.

De la contraportada de esta segunda época del semanario “Tío Vivo” se ocupó el maestro Ibáñez, convirtiéndose en un colaborador habitual desde el primer número de esta publicación. Y ahí fue cuando nació la mítica y desternillante 13, Rue del Percebe, esta popular comunidad de vecinos cuyos inquilinos estaban más locos que cuerdos y, gracias a sus disparatadas peripecias, se encargaron de regalarnos mil y una anécdotas (cuál más absurda y divertida) por página e incontables gags repartidos en cada una de sus múltiples viviendas.


 Cabecera de la serie.


 Primera página publicada de 13, Rue del Percebe.


A lo largo y ancho de tres pisos de altura, además de la planta baja y la azotea, en este inmueble podemos hallar tanto una tienda de ultramarinos como la portería del edificio, la morada de un ladrón, el laboratorio de un doctor nada convencional (que, más tarde, acabaría convertido en una sastrería), una buhardilla habitada por un moroso, una azotea continuamente transitada por acreedores desesperados por cobrar sus deudas, el continuo sube y baja de un ascensor que también cobra protagonismo, o un hueco del alcantarillado convertido en residencia subterránea. En resumidas cuentas, que había viñetas y situaciones para todos los gustos. Todos sus protagonistas e inquilinos fueron los culpables del enorme éxito de la serie y que hoy, 55 años después de su nacimiento, siga tan presente en la mente de todos.

Ibáñez generó un gag distinto para cada viñeta, no buscando un nexo común entre todos los vecinos del edificio salvo contadas ocasiones. Crear, como mínimo, doce chistes por página, suponía todo un desafío a la imaginación y un reto al que debía enfrentarse semana tras semana. No olvidemos que, además de la realización de esta serie, el maestro debía ocuparse del resto de sus personajes y, por si fuera poco, de las incontables páginas de chistes protagonizadas por personajes varios y que, esta vez sí, estaban relacionados con algún tema en concreto. 

 Una de las pocas páginas de la serie que muestran una unidad entre todos los habitantes del edificio.


Como he dicho anteriormente, la 13, Rue del Percebe nació en 1961 en las contraportadas de la revista “Tío Vivo” y, desde sus primeros números, se vio atacada por una amenazante y afilada tijera que pareció cebarse con uno de aquellos inocentes inquilinos. En 1964, la citada censura obligó a Ibáñez a enterrar, prematuramente, a uno de estos habitantes, que tuvo que ser, de forma irremediable, sustituido por otro vecino con mejores intenciones. Me estoy refiriendo al científico chiflado de la segunda planta, que fue eliminado de un plumazo en el número 165 de la citada publicación, pues, según argumentaron los censores, sólo Dios era el único que podía crear vida. Tras más de treinta semanas sin inquilino fijo, la vivienda termina por ser alquilada por un particular sastre algo manazas, el cual, permanecerá campando a sus anchas hasta el final de la serie. 


 Última aparición del científico loco...

 ... y primera fechoría del sastre.


Semanalmente se publicaron más de 400 páginas de este serial, de las cuales, 342 fueron dibujadas por Ibáñez, aunque su creador lo abandonó en 1968, dejándolo en manos de Joan Bernet Toledano y Martínez Osete. Entre 1984 y 1985, aparecieron en la revista “Mortadelo” nuevas entregas de este loco vecindario, aunque, de nuevo, ajenas a las manos de Ibáñez. Mike Ratera, Ramón María Casanyes, Lourdes Martín o Juan Manuel Muñoz fueron algunos de los dibujantes que se ocuparon de su continuidad. Añadir también que existen gran cantidad de nuevas páginas de esta serie, inéditas en España y que fueron publicadas en Alemania, país donde Ibáñez goza de un éxito arrollador.


 Última página de la serie dibujada por Ibáñez.

El maestro nos sorprendió a todos con esta nueva página de 13, Rue del Percebe dibujada en 2002 y publicada en un tomo recopilatorio dentro de la colección Super Humor.

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