sábado, 7 de noviembre de 2015

LOS SERIALES DE IBÁÑEZ: UHU Y EL NIÑO PRUDENCIO



Nueva incursión de Francisco Ibáñez en el universo publicitario. La creación de la agencia de publicidad Nueva Línea, propiedad de Editorial Bruguera, inició, en los años sesenta, una extensa producción de historietas enfocadas a publicitar cualquier tipo de producto. Una de esas primeras series fue encargada al maestro, quien se ocupó de dibujarla a lo largo de sus dos primeros años de vida, la cual, anunciaba un pegamento de origen alemán. El serial al que hago referencia es Uhu y el niño Prudencio, nacido también en el prolífico 1964, año en el que el trabajo se acumulaba sobremanera encima de la mesa de Ibáñez. 


 Cabecera de la serie.



 El niño Prudencio y Uhu.

El creador de Mortadelo y Filemón recibió varios encargos por parte de esta empresa publicitaria, los cuales, no parecían gustar demasiado a Rafael González, director editorial: “Cuando se creó Nueva Línea, empezaron las broncas de los miércoles (ese era el día en que había que entregar el material en redacción). El señor González consideraba que estos encargos eran una interferencia clara en el ritmo desenfrenado de las entregas de las series regulares; no podía concebir que no pudiera entregar a tiempo el material para las revistas semanales por culpa de las historietas publicitarias”, confiesa Ibáñez, quien estuvo al frente de este serial durante sus dos primeros años de vida, siendo sustituido por Martínez Osete y Bernet Toledano, que lo continuaron hasta su desaparición en 1969.

Esta serie apareció en las revistas “Pulgarcito”, “Tío Vivo” y “El DDT”, y estaba protagonizada por el búho Uhu (búho en alemán) y su amigo, el niño Prudencio, que, a pesar de haber salido de la pluma de nuestro autor, quien perfilaba a todos sus personajes con cierto aire gamberro, apuntaba buenas maneras. Uhu llevaba siempre consigo un tubo de pegamento, e iba desperdigándolo siempre en plena calle, generando con esto unas situaciones de lo más divertidas. Fuera como fuese, al final de estas curiosas historias siempre se hacía justicia, pues los malos de la película eran castigados y siempre acababan recibiendo su merecido. 














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