domingo, 11 de marzo de 2012

EL BARBERO DIABÓLICO DE LA CALLE FLEET


No se trata de Sweeney Todd, pero viendo su peculiar estilo de trabajar, podría serlo perfectamente. Para aquellos que no le conozcan, el señor Todd es un legendario personaje del Londres Victoriano del siglo XIX, cuya macabra historia que se cuenta sobre él no ha podido ser sido probada.

Una de las primeras referencias que nos acercan hasta este sanguinario barbero data del 21 de noviembre de 1846, publicada en el número 7 de “The People´s Periodical”. Aquella fue una historia de terror titulada “The string of pearls: a romance”, escrita por Thomas Prest, autor que dio vida a otros malos malísimos aparte de Sweeney Todd. Prest solía buscar inspiración en historias reales, por lo que el personaje de Todd podría estar basado en alguien de carne y huevo, pero, como ya he comentado, no se ha podido comprobar la veracidad de estos hechos.

Realidad o ficción, Todd fue procesado por sus numerosos crímenes y condenado a la horca en 1802. Su vida fue llevada al cine en 1936. La película se llamó Sweeney Todd, el barbero diabólico de la calle Fleet, fue dirigida por George King e interpretada por Tod Slaughter y Stella Rho. Posteriormente, la sanguinaria historia del famoso barbero se trasladó al teatro en forma de musical. La función fue dirigida por Harold Prince y estuvo protagonizada por Len Cariou y Angela Lansbury (uno de los mejores papeles de su carrera). Dicha función fue uno de los mayores éxitos de Broadway en la década de los 80.

Recientemente, ha sido Tim Burton el encargado de devolverle la popularidad al citado personaje, realizando en 2007 una nueva adaptación para el cine también en tono de musical. Johnny Depp y Helena Bonham Carter fueron sus protagonistas.

Este nuevo dibujo, cargado de detalles, cuidados fondos y buen trazo, nos muestra a un autor en uno de sus mejores momentos, tanto a nivel artístico como argumental. En esta ocasión, el gag escatológico deja de estar protagonizado por los habituales mosquitos, corriendo a cargo de unos ratones que buscan ganarse el pan cómo sea, aunque, a veces, les cueste cara la cosa.

En un principio, barajé varias posibilidades sobre qué llevaría el particular barbero en su mano. Dudé entre una hoz o una guadaña, pero, al final, opté por la tradicional navaja. También añadir que el papel de barbero estaba pensado para Marcelino, pero en ese momento no se encontraba disponible ya que estaba ocupado protagonizando otra de sus descacharrantes aventuras (o desaventuras, según como se mire). En resumidas cuentas, sea quien sea el protagonista de esta ilustración, el humor corrosivo se extiende de un extremo a otro de la página sin dejar títere con cabeza.

Amén.


sábado, 10 de marzo de 2012

DON PEDRITO, QUE ESTÁ COMO NUNCA, de F. Ibáñez


Cuarto original que saco a la luz pública, y el primero que es obra del maestro Ibáñez. Como todos los entendidos en el género sabrán, no es nada fácil hacerse con un original de este historietista universal. Cierto es que circula por ahí alguna que otra página, pero… ¿a qué precio? ¿Quién puede permitirse el lujo de pagar semejantes fortunas (3000 ó 4950 euros)?

Cifras aparte (no quiero sacar cuentas), poco a poco me voy haciendo con más originales del maestro, los cuales, iré mostrando aquí en las próximas semanas.

¿Qué quién es ese tal Francisco Ibáñez? ¿Acaso queda alguien a lo largo y ancho del país (o del planeta) que no haya oído hablar de él? Por si aún queda algún rezagado, dejadme que os lo presente:




F. Ibáñez (Francisco Ibáñez Talavera), nació en Barcelona en 1936. Perteneciente a la segunda generación o generación del 57 de la Editorial Bruguera, es el padre y creador de los populares agentes de la T.I.A. Mortadelo y Filemón, entre otros muchos.

Desde muy jovenzuelo, empezó a trabajar de botones en el Banco Español de Crédito (donde permaneció durante cinco años), a la vez que empezaba a publicar sus primeros dibujos en revistas como “Nicolás” (de Ediciones Cliper), “Alex” (de Editorial Símbolo), “Chicolino” (también de Símbolo), “La Risa” (de Editorial Marco) o “Hipo, Monito y Fifí” (también de Marco), entre otras.

Para estas pre-bruguerianas publicaciones, Ibáñez realizó series cómo: El mosquito Pérez, Don Usura, Haciendo el indio, Kokolo,  o La familia Repollino.

En el verano de 1957, abandona el banco para dedicarse de lleno a la historieta, ante la negativa de toda su familia. Empezó a publicar para la revista “Paseo infantil” (de Ediciones Generales), que fue cancelada al poco tiempo. Enseguida fichó por Bruguera, dónde empezó a publicar sus primeros chistes para las revistas “El DDT” y “Pulgarcito”.

Aunque creados a finales del 57, el 20 de enero de 1958 aparecen por primera vez Mortadelo y Filemón, agencia de información (aunque la coletilla desapareció en 1969), la serie que le catapultaría a la fama mundial. La peculiar pareja de agentes, empezó su larga trayectoria en el número 1394 de la revista “Pulgarcito”. Para esta editorial (en la que estuvo trabajando durante 27 años), creó las archiconocidas y longevas series: Rompetechos, El botones Sacarino, Pepe Gotera y Otilio, 13, Rué del Percebe, La familia Trapisonda o Don Pedrito.

Pero también dio vida (aunque corta) a otros personajes que, por diversas razones, tuvieron una breve existencia: Policarpo (1 página publicada), Felisa y Colás (2 páginas), Doña Pura y doña Pera, vecinas de la escalera (4 páginas), El escudero Bartolo o… ¡qué calor hace, Manolo! (3 páginas) o “Cabeza de Ajo”, el penúltimo navajo (1 página).

En 1985, debido a la grave situación económica de Bruguera, Ibáñez abandona la editorial, quedándose la misma con los derechos de todos sus personajes. Así que, aunque resulte extraño, Ibáñez no podía seguir dibujando ninguna de sus series que tanto éxito le habían brindado, por lo que se vio obligado a crear otras nuevas. Entonces Bruguera se puso en marcha, y formó un equipo de varios guionistas y dibujantes para continuar con la publicación de Mortadelo y Filemón, sin la mano ni el consentimiento de Ibáñez, claro está.

Esto obligó a nuestro autor a arremeter contra su antigua casa, exigiendo, espada en mano, los derechos de sus personaje. Por aquel entonces, Ibáñez empezó a trabajar para Editorial Grijalbo, publicando las series Chicha, Tato y Clodoveo, creada en 1986, y 7, Rebolling Street, probablemente, su serie más apócrifa, pues tan sólo dibujó las primeras páginas de la misma, dejando el resto en manos de Juan Manuel Muñoz (su actual colaborador) y otro chico del que se desconoce su nombre.

Tras duros años de lucha, la Ley le dio la razón a Ibáñez, y Mortadelo y Filemón regresaron a su lado. En 1987, tras la publicación de la Ley 22/1987, de 11 de noviembre, de Propiedad intelectual, se reconocieron a los autores como propietarios de sus obras. Fue entonces cuando abandonó sus dos nuevas series y se dedicó de lleno a elaborar páginas protagonizadas por sus dos famosos agentes, ya en Ediciones B, relación que perdura hasta hoy en día.




Don Pedrito fue un encargo de la empresa Nueva Línea. “Está como nunca… ¡Fundador!” era una frase publicitaria muy utilizada en la España de los años sesenta. El producto anunciado era un brandy de las Bodegas Domecq, Fundador, que tuvo una potente repercusión entre finales de los años cincuenta y principios de los sesenta.

La mascota promocional de Fundador era un tipo bajito, calvo y con bigote, el cual, era conocido como “el hombre Fundador”. Ibáñez dio vida por primera vez a este curioso personaje en el número 185 de la segunda etapa de la revista “Tío Vivo”, en 1964, y el serial se llamó Don Pedrito, que está como nunca. Pero el propio maestro matiza: “El caso de Don Pedrito fue un poco singular, porque no era una historieta publicitaria, pues no anunciaba nada; Bruguera, sencillamente, compró los derechos del personaje del anuncio televisivo de Fundador”. 




Su nombre, Don Pedrito, fue ideado en la redacción de la editorial, y fue encargado a un joven Ibáñez que, por aquel entonces, contaba con 28 años de edad. Este serial apareció casi siempre en las portadas de la revista “Tío Vivo”, y es curioso ver cómo Bruguera utilizó la imagen de una marca de brandy para crear un personaje que iban a leer miles de niños españoles. Su explicación tendrá.

Don Pedrito, lejos de anunciar una bebida alcohólica, era un simpático personaje que se dedicaba a deambular por las calles, cruzándose con amigos y conocidos y demostrando sus habilidades o debilidades. El humor que Ibáñez empleó en este serial era mucho menos agresivo que el empleado en sus historias de Rompetechos, algo que se adaptaba mejor con su público infantil.

Don Pedrito era un hombre bienintencionado que siempre iba buscando empleo y su actitud no desencadenaba secuencias desternillantes. Para evitar que la serie fuese demasiado sosa y aburrida, Ibáñez utilizaba chistes o diálogos de clara incorrección política, gracias a los cuales, daba fluidez a sus historias.

Como ya venía siendo habitual con los personajes de Ibáñez, a partir de 1967, la serie pasa a manos de otros dibujantes, siendo el más habitual Blas Sanchís, que ya se había encargado de la continuidad de varios seriales de Vázquez.

Por lo tanto, queridos lectores, aquí os dejo con esta impresionante página original (entintada por el propio Ibáñez, que todo hay que decirlo) para el disfrute de muchos y la envidia (sana) de otros cuantos. 

Página original de Don Pedrito, que está como nunca, publicada en el número 197 de la revista "Tío Vivo".

domingo, 4 de marzo de 2012

SPIELBERG PIERDE UNO DE SUS DINOSAURIOS


Los bichejos prehistóricos vuelven a ponerse de moda gracias, de nuevo, a la magia de Steven Spielberg. La responsable de tal revolución jurásica no ha sido la cuarta parte de la saga Jurassic Park (aún sin rodar y que el propio Spielberg ha anunciado como la primera de una nueva trilogía; veremos).

Los dinosaurios vuelven a estar en boca de todos gracias a la serie televisiva Terra Nova, de la que el famoso director de Hollywood es productor ejecutivo. Sus dos últimos trabajos para la televisión estrenados en nuestro país, han tocado los temas que más le gustan: los extraterrestres (malvados, en este caso) en Falling Skies, y los dinosaurios (tampoco muy pacíficos) en Terra Nova.

Pero en las películas y producciones de Steven Spielberg no siempre los animales son feroces enemigos del hombre; no siempre nos encontramos con sanguinarios tiburones o terroríficos reptiles prehistóricos. Actualmente, podemos ver en las salas de cine su última película: War horse (Caballo de batalla). Una magnífica historia que narra la relación de amistad entre un joven y su caballo, los cuales, son separados por culpa de la guerra. Tanto el muchacho como el animal harán todo lo humanamente posible por volver a encontrarse.

La dirección es brillante, las interpretaciones son magníficas (véanse los papelazos que hacen los intérpretes que dan vida a los padres del muchacho protagonista, entre otros), y las localizaciones y la fotografía dignas de ganar el Oscar. Spielberg nos enseña que en la guerra no hay buenos ni malos, sino personas horrorizadas por el conflicto y enfrentadas entre sí por su supervivencia. Estamos, pues, ante una de sus mejores películas, 100% recomendable y que, una vez más, la Academia de Hollywood le ha vuelto a dar la espalda.

En fin, vamos a lo que vamos que me pongo a elogiar a Spielberg y no tengo freno.

Pues bien, yo que estoy siempre al pie del cañón, no he querido dejar pasar esta oportunidad y me he subido al carro con tiranosaurio incluido. Si a Spielberg le funciona tan bien esta fórmula, ¿por qué no lo iba a hacer conmigo? ¡Y hala!, a darle al tarro. A engrasar los engranajes y a tirar de la cama a las adormecidas neuronas que descansaban plácidamente. Al rato ya tenía la idea, el papel sobre la mesa y afilada la punta del lápiz. Había llegado el momento de empezar a darle forma a todo aquello.

Y el resultado final lo tenéis aquí esta semana, una idea tan surrealista como desternillante en la que no falta de nada: un marido que siente más pasión por los buenos jamones que por su mujer, una esposa a pocos segundos de enviudar, unos niños que no entienden muy bien por dónde van los tiros, unos gusanillos algo confusos, un roedor mirón y otro fumador, y un tiranosaurio furioso porque el Tribunal Médico no le reconoce su minusvalía. Todos estos personajes (y alguno más, seguro) aparecen deambulando de punta a punta de la página, aportando movimiento, originalidad y, sobre todo, dosis de humor.

P.D.: El personaje del marido apasionado por los jamones, está inspirado (yo diría calcado) de un servidor. He de reconocer que me chiflan los jamones, y si son de los buenos, pues mejor que mejor.

P.D.2: En una ocasión, me engullí (esa es la palabra correcta) un jamón de 7 kilos o más en tan sólo quince días, y sin precisar de la ayuda de nadie. Esto es verídico y demostrable (hay testigos).

P.D.3: No es la primera vez que la Academia de Hollywood le da la espalda al Rey Midas del cine. De entre varios, el caso más destacado ocurrió en 1985, cuando Steven Spielberg estrenó su magnífica película El color púrpura. A pesar de que optó, nada más y nada menos, que a 11 estatuillas, no se llevó ninguna. Ahora, en la última edición de los Oscars (celebrada hace tan sólo unos días), han vuelto a hacer injusticia con él. Lo primero que no puedo entender es cómo una película como Las aventuras de Tintín, el secreto del Unicornio, ni siquiera haya estado nominada a la mejor película de animación. Y la comentada War horse (Caballo de batalla), la cual, estaba nominada a 6 candidaturas, se ha marchado más limpia que el jaspe. Inconcebible.

P.D.4: S´acabó.


sábado, 3 de marzo de 2012

FILIBERTO, de Cifré


Nueva muestra de originales para esta semana (la primera de marzo). No olvidéis que, independientemente a esta sección, mis dibujos siguen saliendo religiosamente. Como se puede ver, esta página también ha pasado por la afilada guillotina de Bruguera, aunque ha corrido mejor suerte que la de Currito Farola, pues ésta sólo aparece cortada por la mitad.




Guillermo Cifré Figuerola (Cifré), nació en Castellón en 1922. Conocido por su primer apellido (así firmaba), perteneció a la primera generación de autores de la escuela Bruguera (o generación del 47, de la que ya os he hablado en entradas anteriores), y fue el creador de algunos de los personajes más importantes y conocidos de esta primera generación. El repórter Tribulete y Don Furcio Buscabollos son algunos de ellos. Junto a Peñarroya, otro de los grandes de la casa, fueron los que se encargaron de la mayoría de las portadas de las distintas publicaciones de la editorial.

Desde muy pequeño, Cifré ya apuntaba dotes de maestro. En el colegio, dibujaba una revista de cuatro páginas que luego vendía a sus compañeros. A los 19 años, empezó su andadura profesional en los estudios de dibujos animados “Chamartín” junto a otros compañeros que más tarde coincidirían en Editorial Bruguera. En dichos estudios, produjo series como Civilón o Garabatos. En 1944, aproximadamente, da el gran salto y ficha por Bruguera, creando las series El repórter Tribulete, en 1946, Las tremebundas fazañas de Don Furcio Buscabollos, en 1946, Cucufato Pi, en 1949, y Amapolo Nevera, en 1952.

Además de las historietas, Cifré también tenía muy buena mano para la pintura, creando diversas obras en óleo, acuarelas o carboncillo.

En 1957, se marcha de Bruguera junto a Escobar, Peñarroya, Giner y Conti, y juntos, crean una empresa independiente en la que dan vida a una nueva revista: “Tío Vivo”, de esquemas muy similares a las revistas de Bruguera. Para esta nueva publicación, Cifré crea personajes como Golondrino Pérez, Rosalía y El sabio Megatón, todos en 1957.

Pero “Tío Vivo” no acabó de funcionar y los cinco se vieron obligados a regresar a la casa patria. Tras 146 números publicados de la citada revista, la misma fue comprada por Bruguera. De nuevo en esta editorial, creó las series Pepe Despiste, en 1959, Cepillo Chivátez, en 1960, Dr. Fix, en 1960, y Don Tele, también en 1960. Además de trabajar para Bruguera, Cifré también dibujaba para otras publicaciones, como el diario deportivo “Dicen”, para el que creó la tira cómica Don Césped. A principios de los sesenta, se abrió camino al mercado internacional, publicando varios chistes en revistas alemanas y británicas a través de agencias. Pero dicha proyección se vio truncada a causa de su repentina muerte.

Cifré falleció en 1962 en Barcelona, con apenas 40 años.

Guillem Cifré (hijo del historietista), ha seguido los pasos de su padre.

Haciendo referencia al personaje de esta semana, pocos datos puedo aportar acerca de Filiberto. Por más que he indagado, sólo he podido localizar dos o tres pinceladas de este curioso personaje creado por Cifré.

Filiberto empezó a publicarse en la revista “El DDT”, cuando su creador volvió a la casa Bruguera tras su andadura en solitario con “Tío Vivo”. Esto ocurriría hacia 1959. 


 Página completa de Filiberto.

Página original de Filiberto, de Cifré, publicada en el número 505 de la revista "El DDT".

domingo, 26 de febrero de 2012

MARCELINO Y SUS INDISPOSICIONES

Ni la escasez de ideas, ni el intenso frío de estos días, ni siquiera un pequeño contratiempo (casi resuelto) que he sufrido en las manos (sobre todo en la derecha), han impedido que siga publicando mis dibujos semana tras semana. Sé (y lo he dicho muchas veces) que mi archivo pendiente de publicar es muy extenso (véase que, bajo mi firma, aún figura el año 2011); pero (casualidad o no), justo cuando en peor estado tenía las manos (apenas podía articular los dedos), se me ocurrían los dibujos más complicados de realizar, cargados de detalles y creados en un formato más grande de lo habitual. Hoy, prácticamente recuperado, miro aquellas páginas (tres en total) y me pregunto a mí mismo: “¿Cómo pudiste hacerlo?”.

La secuencia expuesta esta semana debió ocurrir hace ya algunos años, cuando el mundo de la construcción se encontraba en todo su auge. Marcelino debía pasear tranquila y gozosamente cuando, de repente, un terrible apretón irrumpió en su vida. Con su casa a varios kilómetros de distancia, se vio obligado a buscar una alternativa. El bar más próximo se encontraba a más de veinte minutos a pie, así que no tuvo más remedio que meterse en una obra y hacer de vientre en uno de esos retretes portátiles. Pero claro, tratándose de Marcelino, no iban a salir las cosas derechas.

Con anterioridad, un gato callejero había excavado un pequeño hoyo en el suelo para hacer sus necesidades, olvidándose de cubrirlo. Así que, nuestro hombrecillo, vio aquello y pensó que era el retrete y, a toda prisa, se bajó los pantalones y allí mismo hizo de las suyas.

La casualidad (o la mala suerte) quiso que, justo sobre su cabeza, se hallara un silo cargado hasta los topes de escombros. Y claro, aquellos artefactos llevan su cadenita y todo. Y Marcelino, una vez acabada su tarea, como persona higiénica y prudente que es, tiró de la cadena. La pega es que de allí no cayó ni una sola gota de agua, sino que cayeron diez mil kilos de pedruscos de todos los tamaños, sepultando al pobre hombre.

Desconozco si logró salir vivo de debajo de todo aquello, aunque, a día de hoy, su nombre aún no ha figurado en las esquelas mortuorias de los periódicos. Eso me deja más tranquilo.


sábado, 25 de febrero de 2012

DON FRANCACHELO, de Gin


Segunda entrada dedicada a la muestra de dibujos originales pertenecientes a mi colección personal. Esta semana le toca el turno al historietista Gin y a su personaje Don Francachelo. A diferencia de la página original anteriormente expuesta (la de Currito Farola, de Vázquez), ésta sí se encuentra en perfectas condiciones y conserva intactas todas sus viñetas, conservándose en buen estado pese al paso de los años.




Gin (Jordi Ginés Soteras), nació en Barcelona en 1930. Fue dibujante, caricaturista, editor y director de la revista “El Jueves”.

Su especialidad eran las caricaturas y el humor gráfico. En sus inicios, colaboró con Carlos Conti (creador de El loco Carioco, Mi tío Magdaleno, Apolino Tarúguez o La vida adormilada de Morfeo Pérez), trabajando en revistas como “Yumbo” o “Nicolás”.

Posteriormente dio un gran paso y fue fichado por la casa Bruguera, perteneciendo a la segunda generación de autores junto a Raf, Segura, Ibáñez, Figueras, Nadal o Vázquez*.

Pero sus pasos en Editorial Bruguera fueron cortos y se marchó a trabajar para agencias y para el mercado internacional. Sus personajes vieron la luz en revistas españolas como “Barrabás” y “El Papus”, y en revistas extranjeras como “Playboy”, “Stern” o “Pardon”.

En 1982, junto con José Luis Martín y Óscar Nebreda (fundadores de la revista “El Jueves”), compra la citada revista y la publica bajo el sello Ediciones El Jueves, S. A. y, justo al año siguiente, se convierte en director de la revista “Titanic”, de corta existencia.

Gin falleció en Sitges, en el año 1996.

En esta segunda muestra de mis dibujos originales, os muestro a Don Francachelo, un gentleman de cierta edad al que le vuelven loco las jovenzuelas. A pesar de poner todo su empeño en intentar conquistarlas, no siempre le salen bien las cosas, como es de suponer.

Este curioso personaje apareció por primera vez en el número 27 de la revista “Can Can”, allá por 1958.

*Anteriormente he expuesto que Gin perteneció a la segunda generación de autores de la casa Bruguera. Pues bien, los distintos dibujantes que fueron pasando por esta editorial han sido clasificados en tres grupos: La primera generación o generación del 47, en donde se pueden ver nombres de la talla de Cifré, Conti, Escobar, Giner, Peñarroya, Iranzo o Jorge. La segunda generación o generación del 57, de la que formaron parte Enrich, Nené Estivill, Alfons Figueras, Gin, Gosset, Ibáñez, Vázquez, Nadal, Raf, Segura, Martz Schmidt o Tran. Y, por último, la tercera generación o generación del 70, donde podemos ver a Luis Allué, Casanyes, Esegé, Jan, Joan March o Jaume Rovira.

P.D.: Justo la semana pasada, comenté en esta nueva sección que me gustaría que mi pequeña colección de originales se fuera ampliando poco a poco. Pues bien, hace sólo unos días, se han visto cumplidas mis palabras, sumando a mi museo particular, nada más y nada menos que cuatro páginas más. Cuatro maravillas perfectamente conservadas creadas por dos genios indiscutibles del panorama nacional, que valen su peso en oro y que verán la luz en este blog próximamente.



Página original de Don Francachelo, de Gin, publicada en el nº 59 de la revista Can Can.

domingo, 19 de febrero de 2012

CURRITO FAROLA, de Vázquez


Ésta va a ser una semana grande (y no la de El Corte Inglés), por lo menos, en cuanto a mi blog se refiere. Además de publicar un nuevo dibujo como de costumbre, hoy inauguro esta sección en la que iré mostrando mi pequeña colección de dibujos originales de autores de prestigio, que espero, con ganas, que se vaya ampliando poco a poco.

Quiero comenzar esta nueva aventura con la primera página (o lo que queda de ella) que llegó a mis manos: Currito Farola, er niño e la bola, del genial Manuel Vázquez (ya se sabe, aquel que también creó a Anacleto o las Hermanas Gilda). Editorial Bruguera ordenó “limpiar” sus archivos y destruyó una cantidad inimaginable de páginas originales creadas por diversos dibujantes, entre los que se encontraban Cifré, Escobar, Vázquez o Ibáñez. Por suerte, algunas de estas personas que fueron ordenadas a destruir uno de los mayores tesoros del país, guardaron trozos de estas páginas mutiladas conscientes de que aquello tenía un valor económico aparte del emocional.




Vázquez (Manuel Vázquez Gallego) nació en Madrid en 1930. Publicó su primer dibujo en 1942 en la revista “El automovilismo en España”, e inició su carrera profesional en el cuaderno “Macana en el Oeste”, publicado por Hispano Americana de Ediciones en 1946. Justo al año siguiente, empezó a trabajar en la revista “Flechas y Pelayos”, donde publicó su primera serie: Mr. Lucky.

A finales de 1947 o principios del año siguiente, Vázquez ficha por Editorial Bruguera y, poco después, de traslada a vivir a Barcelona.

En 1949, creó a sus archiconocidas Hermanas Gilda y, a su vez, colaboró con distintas editoriales. En 1951, creó a Don Binomio e hijo, S. L. para la revista “Pulgarcito”, y Azufrito, Currito Farola y La Familia Cebolleta para “El DDT”. En 1953, sustituye a Azufrito por Ángel Siseñor.

En 1955, contrae matrimonio con Aurora Medrano y, fruto de esta relación, nacen tres de sus hijos.

Su carrera profesional subía como la espuma. Entre 1958 y 1960, crea nuevos seriales para distintas revistas: La historia esa vista por Hollywood (que, posteriormente, pasaría a las manos de un primerizo y joven Ibáñez), La Osa Mayor (agencia teatral), La familia Gambérrez y La familia Churumbel. Entre 1961 y 1963, sus series pasaron a manos de otros dibujantes, como Sanchís o Martz Schmidt, y Editorial Bruguera lo denunció en 1963 por falsificación de recibos y robo. Ese mismo año, Vázquez se marcha de casa, abandonando a su familia.

Creó a Angelito en 1964, y a Anacleto, agente secreto en 1965, una de sus series de mayor éxito. En 1978, deja a un lado las publicaciones infantiles y empieza a crear series para revistas de adultos. A partir de ahí, en ocasiones, firmaba con el pseudónimo de “Sappo”. En 1982, y a raíz de la suspensión de pagos de Bruguera, Vázquez buscó otras revistas donde publicar sus trabajos, entre ellas, “JAuJA”, “Garibolo”, “Bichos”, etc.

Vázquez falleció en 1995 en Barcelona, a los 65 años, a causa de una embolia cerebral provocada por la diabetes.

Su forma de ser y su falta de disciplina le impidieron llegar aún más alto, pues no cumplía con la entrega de sus páginas en la editorial y siempre tenía problemas económicos, de los que salía airoso debido a su gran ingenio y su habilidad para el engaño. Vázquez siempre se sintió orgulloso de ello, y él mismo ayudó a forjar la leyenda que hoy se cuenta sobre su intensa vida.

Según confesó él mismo, contrajo matrimonio en siete ocasiones (no demostrables), y tuvo once hijos fruto de estos supuestos matrimonios. También confesó que estuvo tres veces en la cárcel, aunque tampoco se puede demostrar. 




Centrándonos un poco en el personaje de Currito Farola, er niño e la bola, como ya he comentado anteriormente, fue creado por Vázquez en 1951 para la revista “El DDT” y representa al andaluz de la época vestido de forma folclórica.

Residente en Barcelona (aunque nació en Sevilla), entre otros aspectos, destacan de este personaje su acento andaluz y su pasión por los toros. Currito Farola apareció por primera vez en el primer número de la citada revista, haciéndolo de forma continuada hasta el número 8. Posteriormente volvió a aparecer en el número 28, siguiendo hasta el 41, donde se publica su última historieta (Vázquez acaba con el personaje arrojándolo al mar encadenado a una bola de preso).

Si hacemos la cuenta, Vázquez creó un total de algo más de veinte páginas de este curioso personaje y, teniendo en cuenta que yo tengo parte de una de esas páginas, para mí, lo hace aún más curioso.


Página original de Currito Farola, de Vázquez.

LOS VELATORIOS YA NO SON LO QUE ERAN


¿Quién dijo que ir a un velatorio, echar unas lagrimillas y pasar allí todo el día y toda la noche era un mal plan? ¿Quién fue el que se atrevió a decir que las sillas y los sillones de los tanatorios son incomodísimos y te dejan el culillo y la espalda hechos puré de patatas? Pues si alguien se ha atrevido a pronunciar semejantes barrabasadas, desde luego, no ha sido el tipo de la imagen; un caradura y despechado como el que más.

Según me contó él mismo días después de pillarle in fraganti roncando en el interior del ataúd, las noches anteriores a aquella no había podido pegar ojo pensando que su mejor amigo estaba a punto de marcharse al otro barrio. Así que, aprovechando que a altas horas de la madrugada no quedaba nadie en el interior del tanatorio, pidió permiso a su amigo (más tieso que la mojama) para poder echarse un ratillo en el ataúd, acolchado, blandito y cómodo a más no poder. Lo que más me extraña de todo es que el pobre difunto consintiera dejarle el sitio. No sé, no sé… aquí algo me huele a podrido, con todos mis respetos.

Lo que estoy intentando averiguar ahora es si el caradura de turno cogió a su amigo en brazos y lo dejó en el suelo cuidadosamente, o le soltó una patada en todos los riñones estampándolo de morros contra el suelo. Viendo lo relajado que está ahí roncando como un tronco, creo que me decanto más por la segunda opción que por la primera. Intuitivo que es uno.

En una situación como ésta, no podían faltar aquellos bichitos, tan pequeños e inofensivos como escatológicos. Vosotros me habéis pedido que no los extermine, y yo, como persona obediente que soy, les doy buenos bocatas de jamón ibérico para que me duren muchos años. ¿Qué serían mis dibujos sin los típicos gags secundarios interpretados por estos inolvidables bichejos? A mí me gustan los dibujos como los bocadillos de calamares o los cubatas: bien cargados.

Con la presente ilustración, he querido rendir mi particular homenaje a todos aquellos millones de chistes que se publicaban, semana tras semana, en las revistas de la Editorial Bruguera hasta su cierre definitivo a finales de los años ochenta. Una situación concentrada en una sola viñeta pero tan profunda y directa como si ocupase una página entera.

Qué recuerdos aquellos…


domingo, 12 de febrero de 2012

EL HOMBRE DE LA PISTOLA DE ORO


Ésta no es una entrada dedicada a James Bond, aunque el título de la misma ha sido recuperado de la novena entrega de la famosa saga cinematográfica. Aunque, ahora que lo pienso, puede que algún día dibuje una ilustración en la que el protagonista sea el archiconocido agente 007. Tiempo al tiempo.

Ahora que parece que el género del western se ha vuelto a poner de moda, he querido aportar mi pequeño granito de arena y elaborar una viñeta ambientada en el lejano oeste. Bueno, realmente, ésta es una simple excusa para tocar un nuevo palo nunca antes explorado por mí.

Los indios venían con mano dura y muy mala leche, y sus arcos disparaban hasta mil flechas por minuto. El ojo humano nunca ha visto nada igual. Enemigos habría cinco o seis, pero valían por cientos, tal vez, miles. Así que, los vaqueros (los buenos de la película), se vieron obligados a pedir refuerzos.

Cuenta la leyenda que, hace muchos años, existía un hombre que era más rápido que su propia sombra. Era capaz de disparar su revólver y de colocarse al otro extremo para atrapar su propia bala, antes, incluso, de que ésta llegara a impactar contra la pared. De un solo disparo llegaba a matar hasta seis villanos a la vez, y no porque se encontraran los seis en fila india, no señor; cada uno se hallaba en un rincón distinto del escenario. Entre sus aliados, amigos y compañeros de juergas, se pudieron ver figuras de la talla de James Stewart, Gary Cooper, Clint Eastwood o el mismísimo John Wayne.

Pero claro, de todo esto hace ya casi medio siglo (o más) y, con el paso de los años, todas estas habilidades y destrezas se van perdiendo por el camino. Y eso es lo que le ha ocurrido a Tronco Mili (no confundir con Bronco Billy, aquel a quien dio vida el señor Eastwood), nuestra estrella de esta semana. Con casi 90 añitos a sus espaldas, ya no es capaz ni de acertarle a un dinosaurio aún teniéndolo a dos palmos de distancia. Su pistola también está para el retiro, tal y como se puede demostrar en la imagen. Y la pregunta del millón sería ésta: ¿cuál de los dos tiene más años?

Me gusta innovar, y eso se nota semana tras semana. Cada dibujo está protagonizado por personajes distintos (excepto cuando sale Marcelino, que siempre es el mismo), cada viñeta está ambientada en localizaciones diferentes, cada nueva situación es más surrealista que la anterior y procuro alternar un sentido del humor más corrosivo y ácido con otro más suave y familiar.

Está mal que lo diga porque el dibujo es mío, pero el mosquito vestido de vaquero me gusta bastante. No sé, me pilló fino ese día. Especial atención al gag de Lucky Luke, no conviene pasarlo por alto.


domingo, 5 de febrero de 2012

LO ÚLTIMO DE LO ÚLTIMO


Inauguramos el mes de febrero con una nueva viñeta, como no podía ser de otra forma. Tras estar un tiempo sin realizar dibujos con coches, me empezaba a picar el gusanillo (no seáis mal pensados) y ya tocaba crear uno.

Ahora bien, ¿qué argumento atribuirle? ¿Qué modelo de coche escoger entre todos los que hay? ¿Vehículo antiguo, moderno, mega-moderno o ultra-moderno? ¿Qué situación crear y en qué ambiente ubicarlo? Todo eran preguntas, dudas e interrogantes, pero las respuestas no brotaban, ni por activa ni por pasiva.

¿Abandono o sigo exprimiendo el limón? Sigamos, sigamos explotando a las pocas neuronas que aún se les puede sacar algo de provecho. Los engranajes del tarro vuelven a ponerse en funcionamiento y la chimenea vuelve a soltar humo como una loca. Ahora parece que viene algo, una idea sugerente. A ver… mmmm… no, a estoy no se le puede sacar punta, no hay por dónde cogerlo. Espera, espera, que parece que viene otra idea allá a lo lejos. A ver, a ver… sí, parece que ésta tiene mejor pinta. Dejemos que se acerque un poco más… sí, parece que ésta va a ir bien. A ver si la pesco, a ver si la pesco. ¡Toma ya, ya eres mía! Y ahora que ya tengo la historia más o menos decidida, es el momento de darle forma.

Así nació la ilustración de esta semana, contada en tono paródico pero real como la vida misma. Un dibujo al que no le faltan detalles ni gags (¡qué novedad!), al que no le faltan realismo ni pulso firme, y al que no le faltan mala leche ni humor sarcástico.

¿Os imagináis que os gastáis una fortuna en un vehículo de estas características y que va dotado de un sistema de frenado como el de la imagen? Una cosa sí está clara: frenar, lo que es frenar, seguro que frena. Aquí no hay pastillas que se desgastan ni discos de freno en mal estado; aquí lo que hay es un ancla, que se desprende de su soporte al apretar un botón y se agarra contra el asfalto o contra lo que pille a su paso, deteniendo al vehículo en seco. Lo peor no es tener que bajarse del mismo para recoger el ancla (que debe pesar una tonelada) y colocarla de nuevo en su sitio; lo peor es el estado en que quedará el vehículo tras un frenazo de este calibre.

Dad vuestra opinión al respecto.